NADIE VENDRÁ A SALVARNOS DE NOSOTROS MISMOS

Cada uno de nosotros hemos sido dotados con la capacidad de ser responsables de la calidad de nuestra experiencia. Sin embargo, hasta no estar conscientemente imbuidos por nuestra conciencia compasiva, nuestro miedo, enojo y dolor, aún sin integrar, continúan funcionando como el punto causal inconsciente de nuestra falta de armonía, malestar, enfermedad e ilusión. Mientras sigamos suprimiendo y sedando nuestra condición emocional que no ha sido integrada – en lugar de permitir ser provocados y dejarnos llevar emocionalmente por cualquier persona o circunstancia – permaneceremos una especie inauténtica, sin integridad y carente de la capacidad emocional requerida para poseer íntimamente la conciencia de lo que somos o de lo que Dios es para nosotros. Solamente desarrollando conscientemente nuestra capacidad de sentir, seremos liberados de esta condición.

 

CULPAR A LOS DEMÁS POR LA CALIDAD DE NUESTRA EXPERIENCIA DE VIDA ES INÚTIL.

La mentalidad de víctima y victimario es negación e ilusión. El gradual caos terrenal y el creciente drama externo humano, es una limpia planetaria dirigida a nuestra forma de vida inauténtica, inconsciente y programada. Todo conflicto externo que nos dispara emocionalmente de manera incómoda refleja nuestros estados de agitación interna que no han sido integrados. Nuestra única opción ahora reside entre involucrarnos en una reacción al drama exterior o bien permitir que el desarrollo del drama exterior nos guíe a responder y despertar compasivamente a integrar nuestro desorden interno.

 

El MOMENTO presente es válido – el entrar en él concientemente es un portal hacia la autenticidad, integridad e intimidad.

Tener conciencia del momento presente es “estar plenamente presente en cada momento conforme se va desenvolviendo, tal como es – sin interferencias- sin ataduras a la resonancia del miedo, enojo y dolor provenientes de nuestro pasado sin integrar. Sólo cuando estamos presentes somos vulnerables para recibir, y así capaces de vivir, cada encuentro que se desenvuelve como una divina oportunidad ordenada a explorar íntimamente las profundas posibilidades de nuestra humanidad. Entrar plenamente en este momento requiere de una transformación de comportamiento – un cambio desde la reactividad inconsciente a la deliberada responsabilidad. Esta transformación sólo es auténticamente alcanzada a través de la integración de la subyacente huella emocional que consistentemente nos distrae del estar presentes. Nadie puede lograr esto por nosotros.

 

LA EVOLUCIÓN HUMANA QUE SE ESTÁ DANDO EN ESTE MOMENTO NO ES EL “FINAL DE LOS TIEMPOS” – ES LA INVITACIÓN A TERMINAR CON UNA VIDA BASADA EN El PARADIGMA DEL TIEMPO” CON EL FIN DE QUE PODAMOS LOGRAR LA PAZ.

Nuestra tarea no es “hacer paz en la tierra”. Esta intención nace de una ilusión perceptiva. Nuestra tarea evolucionaria es alcanzar la capacidad de vivir la paz que ya nos ha sido dada”,  mientras estamos aquí. Cuando desarrollamos la capacidad de auténticamente vivir la paz – irradiamos esta resonancia a través de toda nuestra experiencia. La auténtica paz se siente. Únicamente estamos en paz cuando verdaderamente nos sentimos en paz. La paz sólo se logra a través de un despertar responsable, y por lo tanto un entrar plenamente, a la resonancia-percibida de este momento que se desenvuelve. Si no somos capaces de percibir la paz que nos ha sido dada, se debe a la distorsión que nuestro miedo, enojo y dolor provocan en nuestra resonancia-percibida. Solamente integrando conscientemente nuestra huella de miedo, enojo y dolor  podremos volver a despertar nuestra resonancia-percibida y abrirnos a la natural y pacífica resonancia del corazón.

 

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